Educar sin amenazas puede ser la única forma de corregir el comportamiento de tu hijo. La implantación de amenazas suele provocar todo lo contrario, ya que provocan que tu hijo, en lugar de obedecer, se comporte aún peor.

La amenazas no son consideradas una herramienta de educación, lo único que provoca son luchas de poder, discusiones e incluso desanimo.

Estos son algunos consejos con los cuales evitarás el uso de las amenazas y lograr los objetivos necesarios:

1. Evita la lucha de poder
Ser el referente en la vida de tu hijo comienza con la decisión de no dejar que su comportamiento o mala conducta le haga perder la calma. Cuando necesites que tu hijo lleve a cabo una tarea, el pequeño percibirá el poder que tiene para satisfacer tu necesidad o retenerla.

Al examinar los pensamientos, a menudo irracionales que alimentan nuestro malestar, disminuimos su efecto sobre nosotros que alimenta el drama, las amenazas y los sobornos. En lugar de acercarte al niño para que haga algo, acompáñalo, reconociendo su reticencia sin llevar a cabo un juicio o crítica.

2. Gana el control de tus emociones
Si eres capaz de manejar tus propias emociones y reacciones estarás menos inclinado a usar la lógica para convencerlos de la importancia de realizar una acción, y serás más capaz de obtener su cooperación de forma natural, con autoridad silenciosa.

Cuando los padres no necesitan que sus hijos se comporten de una determinada manera para sentirse a cargo y no desencadenar luchas de poder con ellos, están genuinamente a cargo.

3. Manténte confiada y segura
Mantenerte segura y confiada confirmará tu posición de liderazgo y reducirá los posibles estados de rebelión del pequeño. Cuando tu hijo te percibe como estable y confiable, sin importar si son traviesos o agradables, satisfaces su necesidad de sentirse cuidado y protegido. En general, los niños son más felices cuando tienen a alguien que les dirige sin alterarse y con seguridad.

4. Discute las consecuencias negativas antes de tiempo
Debes explicarle las consecuencias negativas que tiene el hecho de romper las reglas en el momento oportuno. Usa el tiempo de espera, elimina los privilegios o usa consecuencias lógicas para ayudarle a aprender de sus errores.

Considera qué consecuencias son más efectivas, a pesar de que las que funcionan bien para un niño pueden no funcionar para otro. Planifica las mismas consecuencias para la ofensa. Si tienes las consecuencias apropiadas para las acciones, no te sentirás tan mal llevando a cabo los castigos.

5. Dale avisos
A medida que tu hijo cumpla con el castigo por la falta de respeto y el mal comportamiento, no temas darle advertencias. Debido a que han recibido castigos en el pasado, sabrán que las advertencias son serias y comenzarán a responderlas.

Normalmente debes dar tres advertencias antes de castigarle por su comportamiento. Ten en cuenta que con el tiempo, la mayoría de los niños se detendrán con una o dos advertencias.

Educar sin amenazas es más sencillo de lo que parece. Todo se trata de poner un poco de nuestra parte y saber hasta dónde es sano tratar a un niño con firmeza.