Debido a la gran mercadotecnia que se realiza alrededor de diversos alimentos, la población llega a creer que estos productos son buenos para su salud, pero la realidad es que en ocasiones puede llegar a convertirse en comida basura, siendo la causa de la epidemia de la obesidad y enfermedades cardiacas que afecta a México.
A continuación te presentamos algunos de ellos

LOS “BAJOS EN GRASAS” Y “0 POR CIENTO MATERIA GRASA”

La guerra contra las grasas saturadas es uno de los peores errores que se han cometido en la historia de la nutrición. Lo que no explican es que un producto al que se le ha quitado la materia grasa deja de tener sabor y, para compensar que se ha vuelto insípido, los fabricantes le añaden azúcar.

LOS ACEITES VEGETALES POLIINSATURADOS

A menudo se aconseja tomar aceites poliinsaturados porque reducen el colesterol (en especial aceite de girasol, de pepitas de uva, maíz y soja). Pero el colesterol es un factor de riesgo y no una enfermedad en sí. Y no se ha demostrado que los aceites vegetales poliinsaturados tengan la capacidad de reducir el riesgo de crisis cardiaca o de accidente cerebro vascular (ACV), que por otro lado es lo que cuenta.
Por el contrario, varios ensayos clínicos han demostrado que estos aceites poliinsaturados pueden aumentar la mortalidad por enfermedad cardíaca y cáncer. El problema parece ser el exceso de ácidos grasos omega-6 de estos aceites.

LA MARGARINA

La margarina está hecha de aceites hidrogenados ricos en grasas trans, unidos a compuestos químicos (entre ellos colorantes) para que este conjunto artificial acabe imitando la apariencia y la textura de la mantequilla.
Sin embargo, el “Estudio Framingham sobre el corazón” ha demostrado que las personas que sustituyen la mantequilla por la margarina corren más riesgo de morir de una enfermedad del corazón.

EL ZUMO O JUGO DE FRUTA: AZÚCAR LÍQUIDO

La denominación “zumo/jugo de fruta” es engañosa, ya que algunos jugos de fruta que encontramos en las grandes superficies no contienen ni rastro de fruta… tan solo llevan aromas artificiales a naranja o ananá. En el fondo, no son más que agua azucarada con aroma a fruta.
Por supuesto, puede gastarse un poco más y comprar zumo 100 por ciento de fruta fresca, pero sigue siendo una mala idea.
Un verdadero zumo de fruta es como una verdadera fruta… salvo que carece de todas las cosas buenas de la fruta, como son las fibras. Lo único que conserva es el azúcar de la fruta. La revista médica The Lancet ha demostrado que se encuentra tanto azúcar en un zumo de fruta “verdadero” como en los refrescos.

LOS PRODUCTOS “INTEGRALES”

La mayoría de productos “integrales” no están hechos de granos de trigo enteros. El trigo se ha pulverizado en forma de harina y se ha refinado, de modo que esté listo para digerirse, de forma que el trabajo de la mandíbula y de los jugos gástricos de descomposición se reduce al mínimo. Por eso los glúcidos de la harina integral ponen por las nubes la tasa de azúcar en sangre tan rápido como los glúcidos de la harina blanca. La harina blanca y la harina integral se clasifican en la misma categoría por su efecto sobre el índice glucémico (que aumenta la tasa de azúcar en sangre).

CEREALES “ADELGAZANTES” EN EL DESAYUNO

Muchos cereales para el desayuno se presentan como dietéticos. En la caja se puede leer en letras grandes “rico en vitaminas”, “rico en minerales”, “de trigo integral”, “bajo en grasas”, pero luego, en pequeñito, descubrimos que los ingredientes no son más que cereales refinados, azúcar y aditivos químicos.

LOS ALIMENTOS “ECOLÓGICOS”

Todo puede ser “ecológico”, incluso los alimentos malos para la salud, como las barritas de cereales, las patatas fritas o el azúcar de caña. Sin duda, contendrán menos pesticidas, pero no dejan de llevar el mismo azúcar y los mismos glúcidos. Los alimentos transformados y etiquetados como “ecológicos” no tienen por qué ser siempre sanos. Lea siempre atentamente la etiqueta para saber de qué están hechos.
PRODUCTOS VEGANOS

Vegano se asocia a una alimentación saludable, y por eso los fabricantes se han puesto manos a la obra para elaborar sustitutos veganos hipertransformados, como el beicon o las salchichas veganas.
Para crear la ilusión de comerse un trozo de beicon o salchichas, los productores utilizan agentes espesantes, agentes para dar textura, aromas químicos a beicon, colorantes y agentes conservantes nada recomendables para la salud.
Fuente: AIM Digital