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Aunque hoy la tradición de la Rosca de Reyes está profundamente arraigada en México, donde se ha convertido en motivo de convivencia y unión familiar, su origen es europeo y es fundamentalmente religioso.

La rosca simboliza el pasaje bíblico entre el encuentro de los Reyes Magos con el niño Dios y se le conoce como la Epifanía.

Su forma ovalada o circular, relatan, tiene que ver con el círculo infinito del amor a Dios, ya que no tiene principio o fin.

También evoca las coronas de los Reyes Magos, cuya fruta de múltiples colores simboliza un mensaje de paz, amor y esperanza.

La Rosca de Reyes tiene tras sí una bella historia de fe y sacrificio de tres hombres que siguieron una estrella luminosa hasta Belén para adorar al Niño Dios, tradición que tiene sus comienzos en la Edad Media y llegó a México durante el Virreinato.

De acuerdo con el Museo de Arte Popular (MAP) la Iglesia Católica celebra La Epifanía, vocablo griego que significa manifestación, aparición, para recordar la revelación de Jesús ante los Reyes Magos o Santos Reyes.

En México, los Reyes Magos fueron conocidos por los misioneros católicos, quienes difundieron desde el Siglo XVI, el episodio protagonizado por estos sabios e introdujeron más tarde el hábito de dar obsequios a los pequeños, como lo hicieron los Magos con Jesús.

La tradición mexicana que pone fin al denominado ciclo Guadalupe-Reyes (12 de diceimbre-6 de enero) permanece, así que en algunos hogares los niños siguen dejando sus zapatos cerca del árbol de Navidad, esperanzados en encontrar el obsequio deseado al amanecer el Día de Reyes.

Partir la Rosca de Reyes se origina en la Edad Media en Francia en la que cristianizando la costumbre pagana de “elegir un rey de las fiestas” inspirado en el Eclesiastés, se escondía un haba, en una rosca de pan dulce adornada con azúcar y frutas.

Dicha haba oculta simbolizaba la huída de José y María para esconder al niño Jesús y ponerlo a salvo de la persecución del rey Herodes; los dulces o frutos cristalizados son las distracciones del mundo que nos impiden encontrar a Jesús.

Hoy en día, el haba ha sido sustituida por una figurilla de plástico escondida en el pan, al que cada persona corta con un cuchillo, instrumento que simboliza el peligro en el que se halla el niño Jesús.

Se desconoce a partir de cuándo se empezó a esconder dentro de la rosca un niño Dios de porcelana, pero la persona que encuentra la figurilla al cortar el pan, se convierte en anfitrión de otra celebración posterior, ya que se considera el padrino del mismo.

Cuando comemos el pan, se relaciona con la comunión con Dios, con lo sagrado del personaje recién nacido, el tamaño de la rosca depende de la cantidad de muñecos que se insertan en la misma, se parte el día 6 de enero por la tarde o noche en compañía de la familia.

La tradición oral señala a algunas personas que han sido capaces de tragarse la figurilla para eludir el compromiso que dicta la tradición y que da paso a la celebración del Día de la Candelaria, donde los padrinos confeccionan un “ropón” al niño Jesús, lo visten de gala y regalan a los comensales atole y tamales el 2 de febrero.

Con información de Publimetro