Difícil es, y siempre ha sido, compaginar las vacaciones estivales de los niños con las responsabilidades laborales de los padres. Llega julio y en las casas se respira un ambiente contradictorio: felicidad inmensa de los pequeños y cierta preocupación de los adultos. Y es por eso que los recuerdos de niñez antes citados forman parte del imaginario social colectivo, y no solo del de ésta que firma.

Abuelos y abuelas son, cada vez más, los salvadores del verano, tanto para los padres como para esos nietos que llegan a casa con ganas de salir y correr hasta cansarse. Sin hacer mención del tan común orgullo de pasear a la criatura.