Leonardo Martínez, investigador de geometría, destacó la gran posibilidad de posicionar a México como un país de grandes matemáticos. Pues en los últimos cinco años, ha estado dos veces entre los primeros 20 lugares en la Olimpiada Internacional de Matemáticas (OIM), en la que participan jóvenes de preparatoria de todo el mundo.

Él mismo participó un año en la Olimpiada Mexicana de Matemáticas y, a partir de entonces, ha estado involucrado en la organización de la competencia nacional y de la que se lleva a cabo anualmente alrededor del mundo.

Para Leonardo esta ciencia se parece más a los acertijos que le gustaba resolver de niño. Su pasión por la resolución de problemas lo llevó a estudiar geometría discreta, cuyas aplicaciones impactan en la vida diaria de la gente.

“Imagínate cuando estás usando Google Maps, y, en Google Maps, digamos que le quieres hacer zoom a un área para saber más”, afirmó.

Los algoritmos de geometría discreta sirven para que el programa sepa qué puntos mostrar para que no se encimen, y aún así, seguir mostrando resultados relevantes.

Actualmente estudia un postdoctorado en Israel, en la Universidad Ben-Gurion. Tiene esperanza en su País de origen, porque en la veintena de países que ha pisado, debido a sus estancias de investigación y a las olimpiadas de matemáticas, resuena el nombre de México.

Martínez cree que uno de los obstáculos para desarrollar ciencia en el País es la falta de tradición matemática y un déficit en la educación. Las competencias de matemáticas son un incentivo para que México se desarrolle en dicha ciencia y para que los alumnos le pierdan el miedo a los números.

Pese a las pocas plazas que existen en México para investigadores –los jóvenes tienen que salir del País para hacer postdoctorados y aplicar a ella–, Martínez no quiere aumentar la estadística de la fuga de cerebros porque cree en el futuro de los jóvenes que, como él, encontraron el amor por las matemáticas en competencias.

Con información de Reforma