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El exceso de azúcar en las personas repercute en la salud de éstas, pero más cuando se trata de un bebé. La diferencia es que los hábitos alimenticios que reciba dependerá de los padres de familia.

Cuando el pequeño ingiere demasiado azúcar, éste puede padecer de exceso de peso, debido a que su consumo calórico es mayor al que gasta durante el día, por lo que el restante se convierte en grasa.

Pero no sólo afecta su apariencia física, también provoca que el páncreas tenga que producir más insulina, para absorber una pequeña cantidad de azúcar en la sangre, lo que puede traer como consecuencia una hipoglucemia o diabetes.

Además, se puede afectar el crecimiento del pequeño, debido a que el exceso de azúcar ocasiona una mala oxigenación y coagulación de la sangre.

La ventaja que se tiene con los bebés es que ellos no conocen los sabores de los alimentos, por tal motivo no puede no gustarle un alimento porque le sepa “insípido”. Los especialistas recomiendan no añadir azúcar ni sal a la comida del menor, de esta manera el infante se acostumbra al sabor natural de los alimentos.

Fuente: Vitónica