El peligro de las comidas preparadas

La tecnología ha hecho la vida de las personas más fáciles, pero también está afectando su alimentación y un claro ejemplo de esto son las comidas preparadas que se venden en los supermercados, las cuales son las favoritas de muchos porque les ahorran el tiempo de cocinar.

Por estos platos precocinados son ricos en grasas saturadas, azúcares y sal, la triada maldita que ha disparado la obesidad y los problemas cardiovasculares. Pero este no es el único problema de este tipo de comidas. Richard Hoffman, bioquímico y nutricionista de la Universidad de Hertfordshire en un artículo en ‘The Conversation’ explica que “existen otros problemas en el valor nutricional de algunas de estas comidas, que no vas a encontrar señaladas en el etiquetado”.

Hoffman se refiere en concreto a los nutrientes que se pierden cuando se cocinan estos alimentos, algo en lo que los consumidores nunca reparan. “El proceso de cocción puede ser tan importante para tu salud como el contenido de azúcar, sal y grasa”, explica Hoffman. “El agua de color morado que aparece cuando cocinamos la remolacha es el claro ejemplo de cómo los nutrientes (en este caso, un antioxidante llamado betalaína) pueden perderse. Pero hay otros que desaparecen sin que nos demos cuenta en el agua de la cocción, de lavitamina B de los vegetales verdes a los glucosinolatos de la familia de las coles”.

Lógicamente, estos nutrientes también se pierden cuando cocinamos en casa, pero hay procesos industriales por los que se pierden en mayor cantidad, por no hablar de que las grasas y aditivos que se usan en los platos precocinados son mucho menos saludables de los que utilizamos en casa.

El pasado septiembre Hoffman presentó un estudio en la revista “Nutrients” en el que analizaba la composición de algunos platos típicamente mediterráneos en su versión “listo para comer”.

Los platos mediterráneos como el humus o la pizza se han elaborado siempre con aceite de oliva, pero en su versión precocinada (tan popular en la actualidad) se suele emplear aceite de colza, lo que reduce notablemente el valor nutricional de estos productos.

Otro ejemplo es el proceso por el que se comercializan muchas aceitunas. Los antioxidantes beneficiosos que rebajan el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares se pierden en el procesado de muchas de las olivas negras que se venden en los supermercados. Estas son muy fáciles de distinguir, no sólo porque son las más baratas, sino también porque contienen gluconato ferroso, un aditivo que se utiliza para estabilizar su color y que en el etiquetado aparece como E-579.

En este caso podemos guiarnos por la información que aparece en el envase, el problema es que, en la mayoría de los casos, no hay forma de saber qué nutrientes se han perdido en el procesado de los platos preparados.

El consumo de platos precocinados no ha dejado de crecer en los últimos años. Según un informe de Víctor J. Martín Cerdeño, profesor de Comercio en la Universidad Complutense de Madrid, en 1997 el consumo per cápita de este tipo de alimentos en España era de 6,7 kilos. En 2011 se llegó a los 11,9 kilos. Y la cifra sigue subiendo.

Cerdeño señala además que el consumo de este tipo de platos varía notablemente en función de la composición de los hogares. Como es lógico su compra es muchísimo mayor entre los jóvenes independientes, los solteros y las parejas jóvenes sin hijos, pero también entre los jubilados, un colectivo especialmente vulnerable a la falta de nutrientes.

En los platos precocinados se aumenta la presencia de los nutrientes que menos nos convienen y se reduce la de aquellos que más necesitamos.

Fuente: El Confidencial