Se acerca el fin del ciclo escolar, y con él, llegan las temidas calificaciones. El final de curso debe ser un momento más de la vida familiar, sin ningún exceso.

¿Castigar por malas calificaciones?

Antes de arremeter pregúntese si le irrita el suspenso en sí o si lo que realmente le lleva por la calle de la amargura es comprobar que su hijo no ha alcanzado las altas expectativas puestas en él. Ahora replantéese si no eran excesivas.

Antes de nada, trate de entender cómo se siente su hijo con un rosario de asignaturas pendientes para septiembre. Por mucho que externamente afirme no importarle, la idea de fracaso escuece. A fin de cuentas, quien carga con el suspenso es él, no usted.

¿Cómo plantear la recuperación?
Antes que nada no debes hacer un drama familiar. Debemos esmerarnos en la comunicación en este momento tan delicado. Que nuestro hijo sepa que, pese a las malas notas, se les sigue queriendo igual. El amor paterno no puede condicionarse a los resultados escolares. También debe saber que él es capaz de aprobar, que no es un imposible, que confiamos en él. Sentirse respaldado dentro del clan le va a animar a ponerse a hincar codos. Una vez queda claro eso, hay que trazar una hoja de ruta para compaginar el estudio con las vacaciones. Nada de ‘te quedas sin piscina todo el verano’. Habrá que dedicar una hora al día a preparar la repesca de junio, pero el resto de la jornada sigue estando de vacaciones, como cualquier otro niño de su edad”, añade la psicóloga.

Es buen momento para que se plantee qué puede hacer usted para ayudarle, indica Fuentes: “Si se pone a hacer unos ejercicios de matemáticas, le acompañamos. Nos interesamos por lo que hace, procuramos explicarle las dudas con arreglo a nuestras posibilidades. No se trata de endiñarle los cuadernos de trabajo para que esté quieto mientras nos echamos la siesta”.

Siéntese a su lado, pregúntele qué hace, que le hable del profesor, de su clase, de sus cosas. Aproveche para leer a su lado, o para hacer alguna tarea similar. No encienda la tele en la misma habitación, solo porque usted no ha de estudiar. Empatice con el chaval. “Y, sobre todo, dejar de competir con la vida a través del niño. A veces los padres se enfadan, no tanto por el suspenso en sí, sino porque el hijo del vecino ha sacado unas notazas. Son personas altamente competitivas, viven todo como una carrera y sienten que están perdiendo la batalla”.

¿Sigue pensando que su hijo sencillamente es un vago? Maite Martín Serra, psicóloga experta en problemas infanto-juveniles del Centre PIP, abre otra vía de análisis: “Puede que haya algún trastorno del aprendizaje o un problema escolar o de otra índole de fondo que le impide centrarle en los estudios. Es buen momento para abordarlo en familia. O para buscar la ayuda profesional y solventarlo ante el curso próximo”. Recuerde: Albert Einstein no fue precisamente un lumbreras en su época escolar.

¿Premio por aprobar?
Los expertos tampoco recomiendan pasarse al extremo opuesto. Imagine la típica conversación de bar en la que usted y sus colegas se indignan por las primas cobradas por los jugadores de fútbol al ganar campeonatos: ‘A fin de cuentas’, comentan, ‘su trabajo es ganar partidos. Ya cobran una buena ficha por ello’. Traslade esa filosofía a su hijo. El boletín de notas está repleto de sobresalientes. Usted se viene arriba y le compra una moto. O esa videoconsola que cuesta un ojo de la cara. Que su hijo no se sienta menos que Messi o Cristiano.

Algunos psicólogos infantiles, no obstante, insisten en que no está de más reconocer ese esfuerzo.

¿Cuadernos de vacaciones?
Una vez entregadas las notas y llegado el momento de las vacaciones, muchos padres consideran oportuno comprar cuadernos para que sus hijos practiquen lo aprendido o adelanten conocimientos del año siguiente. Póngase en la situación de sus niños: imagínese que su jefe le encomienda que cada día de sus vacaciones dedique una horita a hacer hojas de cálculo o a redactar informes para que no se le olvide, que corre la leyenda entre las jefaturas de que hay humanos que resetean su memoria por completo en vacaciones y regresan al tajo sin recordar ni cómo se enciende el ordenador. ¿Le indignaría? Pues eso es lo que sienten los niños que, pese a haber aprobado, ven cómo sus padres les endiñan cartillas, cuadernos y tareas escolares que creían superadas.

 

Con información de El Pais