Los ojos de los niños permiten el paso de más luz que los ojos de los adultos. Podría pensarse que es una metáfora, quizá porque los niños son más receptivos al mundo o por la facilidad con la que sus cerebros se transforman por lo que ven y lo que escuchan. Sin embargo, resulta que los ojos de los niños son un poco distintos en su anatomía, por lo que efectivamente dejan pasar más luz, así que un nuevo estudio sugiere que la exposición a la luz intensa antes de dormir puede ocasionar que su reloj biológico se desajuste.

En un artículo publicado el 4 de marzo en la revista especializada Physiological Reports, los investigadores ofrecen información sobre un experimento en el que midieron los niveles de melatonina, la hormona que regula el sueño, en un grupo de diez niños, cuyas edades oscilan entre los 3 y los 5 años. Primero, hicieron que los niños siguieran un horario de sueño regular durante cinco días y tomaban muestras de su saliva varias veces al día para medir sus niveles basales de melatonina. Después, el sexto día, convirtieron las casas de los niños en “cuevas” a media luz, cubrieron las ventanas con plástico negro y remplazaron las bombillas con otras de menos vatios.

Lameese D. Akacem, profesora de la Universidad de Colorado, en Boulder, la autora principal del estudio, dijo que los niños pasaron todo el día bajo luz tenue y los investigadores otra vez registraron sus niveles de melatonina. Al día siguiente, una hora antes de irse a dormir, los niños estuvieron expuestos a iluminación intensa durante una hora mientras jugaban sobre una mesa de luz: una superficie de vidrio con una fuente de brillo al interior.

 

Con información del NYT