Las disfluencias son problemas del lenguaje que se caracterizan por dificultar la transmisión de mensajes mediante el habla. Según el Instituto Nacional de la Sordera y Otros Desórdenes de la Comunicación de Estados Unidos, la tartamudez es una de ellas y en la cual “los sonidos, sílabas o palabras se repiten o prolongan alterando el flujo normal del discurso y generalmente se acompañan de pestañeos rápidos y temblor en los labios” como muestra de tensión por intentar expresarse correctamente.

Síntomas

  • Repetición de sonidos, palabras, frases o partes de cada uno: “Ho hola, me llamo me llamo Gabriel”
  • Uso de muletillas o sonidos en medio de la oración, “estuve con uh… eh… mi tía”
  • Alargamiento fonético, “quiero ir a nadaar”
  • Pausas durante una oración o palabras, a menudo con los labios juntos
  • Tensión en la voz
  • Frustración al querer comunicarse
  • Sacudidas de la cabeza, pestañeos y vergüenza al hablar

Diagnóstico

Desde que el niño tenga dos años, un patólogo del lenguaje (especialista que se encarga de confirmar si existe o no un problema de este tipo), podrá evaluarlo con base en su historial clínico y algunas pruebas como pedirle que repita frases, sostenga una conversación y lea en voz alta. También es posible que te pida llevarlo con un pediatra audiólogo para revisar su aparato auditivo, ya que si no escucha bien puede reflejarse en su forma de dialogar.

Tratamiento

Aunque no existe cura, este trastorno puede disminuirse mediante terapias multimodales que van desde hacer ejercicios vocales y musculares, hasta trabajar la parte emocional (quizá el factor más determinante) que requiere un fuerte manejo de la frustración y el estrés.

Tips 

  • Háblale pausadamente. Déjalo terminar lo que está diciendo y espera al menos dos segundos para responderle. Si estás relajada lo ayudarás a salir del tropiezo. Olvídate de frases como “habla más lento”, “tranquilízate”, “no te pongas nervioso” pues sólo agravan la situación
  • Reduce tus preguntas. Mejor hazle comentarios sobre lo que él te cuenta
  • Utiliza expresiones faciales y cualquier tipo de comunicación no verbal. Así atenderá la forma como te expresas y no el contenido del mensaje
  • Dedícale una parte de tu día. Este momento de tranquilidad y calma puede ser constructor de confianza para él, permitiéndole saber que disfrutas de su compañía
  • Apóyate en la familia. Al interactuar por turnos y aprender a escucharse, él se sentirá menos presionado
  • Obsérvalo desenvolverse. Si está relajado y los deslices bajo control, ¡reconóceselo!
  • Acéptalo. Él hace lo mismo contigo, independientemente de cómo te expreses.

 

Con información de BB Mundo