La Organización Mundial de la Salud, a partir de ahora, considera la adicción a los videojuegos como una enfermedad mental.

Este trastorno se define como un patrón de comportamiento frente a esta forma de entretenimiento que tiene una naturaleza e intensidad tal, que produce una marcada aflicción y una disfunción significativa en las relaciones personales y familiares, y en las actividades educativas y sociales de la persona que lo padece.

3 conductas a las que hay que estar atentos

1- Pérdida del control sobre el juego

Esto quiere decir que la persona no es capaz de controlar su conducta en este sentido. Es decir, no puede limitar la cantidad de horas que pasa desempeñando esta actividad ni con qué frecuencia lo hace.

2- Priorizar el juego por sobre cualquier otra actividad

En una persona adicta, el juego se impone sobre el resto de los intereses y actividades diarias, que quedan relegadas a un segundo plano.

3- Continuación o aumento del juego

Aunque el jugador se vea afectado de forma negativa por este comportamiento, continúa jugando o incluso aumenta la frecuencia y la cantidad de tiempo en que lo hace.

Para establecer un diagnóstico en base a los tres criterios mencionados, este patrón debe ser lo suficientemente severo como para afectar la vida personal y social del individuo y debe manifestarse durante al menos 12 meses.

Sin embargo, y a fin de no crear alarma, la OMS deja en claro que este trastorno afecta a una proporción muy pequeña de la población que toma parte en estas actividades.

Con información de la BBC Mundo