“Cuatro ojos”, “cindi (entes)”… parecen apodos inofensivos que le lanzan a tu hijo, pero lo que no sabes es que pueden quedarse en la mente de tu pequeño y ser motivo de completo.

Los niños merecen respeto y son los padres quienes deben solicitar a las personas que viven en torno al menor, que eviten utilizar un mote para referirse a él.

También tienen que procurar enseñar al pequeño , desde casa, a no etiquetar a las personas y que todo sobrenombre, más aún aquellos que denigran, no son válidos.

La especialista señala que los apodos que resaltan un defecto físico (dientón) o un comportamiento (niño terremoto) son los más dañinos, porque los niños creen que ellos contribuyen a esa situación y lo asumen como una verdad irrefutable que jamás va a cambiar.

Como padre o madre, pon atención sobre cómo reacciona tu retoño al oír el sobrenombre. Puede que le disguste o estrese, pese a que lo escucha en boca de un pariente. Si es el caso, lo mejor es pedirle a los familiares que cambien la forma de llamarlo, porque no están tomando en cuenta las características positivas del menor.

Si los apodos provienen de amigos cercanos, se tendría que conversar con los padres. Aunque no lo exprese con palabras, el menor crecerá sabiéndose respetado y al lado de personas que toman en cuenta sus sentimientos.

Sabías que: Los sobrenombres menos dañinos son aquellos que detonan un sentimiento positivo (corazoncito) o realzan la personalidad del menor (mi capitán, si lidera quizás su equipo de fútbol). Estos deben ser dichos en el entorno íntimo del pequeño.

Con información de Trome